Prestigio policial
“El Juzgado de Instrucción número 12 de Sevilla ha acordado el sobreseimiento provisional y archivo de la causa abierta por el Ayuntamiento hispalense al denunciar la presunta manipulación de varios grupos semafóricos de la ciudad enclavados en el entorno del recorrido de la contrarreloj con la que el pasado 28 de agosto de 2010 arrancó la Vuelta Ciclista a España, coincidiendo con el evento. En un auto, al que ha tenido acceso Europa Press, la titular del juzgado, María Antonia García Montes, expone su razonamiento al señalar que, a pesar de que los hechos investigados son constitutivos de infracción penal, no existen motivos suficientes para atribuir su perpetración a ninguna persona en concreto, por lo cual procede sobreseer las actuaciones.”
Confieso que la resolución judicial me ha indignado. La jueza reconoce que hay delito pero también reconoce su impotencia para actuar contra los autores de este atropello. ¿Quiénes fueron? No seré yo el que lo diga si una jueza no es capaz de hacerlo, pero casualmente ese día estaban protestando los policías locales por un conflicto abierto con el Ayuntamiento. Era el comienzo de la Vuelta Ciclista a España en Sevilla, con una gran expectación por ver cómo se organizaba por primera vez una contrareloj nocturna. Y el sindicato de policías organizó una protesta que obligó a la Guardia Civilde Tráfico a tener que actuar en las calles de Sevilla (cuando su competencia es sólo rural) para evitar el caos (y muchos accidentes) por los efectos de la Vuelta Ciclista unidos a la movilización policial y al “inexplicable y casual” sabotaje a los semáforos.
Le tengo un enorme respeto a los policías locales de Sevilla, estoy convencido de que muchas de sus reivindicaciones son legítimas y creo que la mayoría de ese colectivo merece nuestro reconocimiento, pero por eso mismo no entiendo cómo un grupo mafioso es capaz de hacer tanto daño a la imagen de ese cuerpo y de la ciudad.
Hechos como el de la Vuelta Ciclista han sido contínuos en los últimos años, en un chantaje inaceptable a Sevilla. El más grave de ellos ha pasado casi desapercibido para la ciudad, pero en junio del año 2002 se celebró en Sevilla una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. Era una cumbre importantísima y muy complicada, porque coincidía además con una huelga general en España, la del 20 de junio. Sevilla se blindó por motivos de seguridad.
Se trataba de la primera gran cumbre tras los atentados del 11-S de 2001 y además había grandes concentraciones de los antisistemas previstas. Por ello, más de 9.000 policías y 40 perros policiales vigilaban las calles y principales edificios de Sevilla, al tiempo que se ponía en marcha también una estricta vigilancia aérea a cargo de cuatro helicópteros y de un escuadrón de F-18. El dispositivo se completaba con la instalación de baterías de misiles antiaéreos.
Pues bien, ese día fundamental, los coches y motos de la Policía Local aparecieron rajadas en la sede de este cuerpo en la Cartuja, en un sabotaje que también “coincidía” con otro conflicto del sindicato con el Ayuntamiento. Aquello desbarató unos planes de seguridad escrupulosamente estudiados durante meses y obligó a la Guardia Civil a vigilar el tráfico en la ciudad y asumir el traslado de las comitivas oficiales. Afortunadamente, gracias a esa reacción no se produjo ningún incidente destacado.
Sin embargo, nunca se actuó contra los culpables de aquel sabotaje que puso en peligro la seguridad y la imagen de la ciudad. El Ayuntamiento llevó el caso a los tribunales y dijeron lo mismo que ahora, que no sabían contra quién actuar. Y el alcalde y el Gobierno municipal fueron incapaces de hacer que rodaran las cabezas necesarias para depurar responsabilidades.
Casi 10 años después, el mismo grupo sigue cometiendo los atropellos que sea necesario sin que nadie les pare los pies, así que lo único que podemos hacer es indignarnos y pedir a los policías que echen a esos compañeros a patadas, porque ellos son los únicos que pueden devolver su prestigio a la Policía Local y evitar que un ciudadano sienta miedo de saber que personas sin escrúpulos son capaces de llevar un uniforme y una pistola por las calles de Sevilla.
