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Iglesias vacías, cultos llenos

POR AURORA FLÓREZ

Hay iglesias cerradas y templos vacíos de fieles durante todo el año, sólo visitados por el salpiqueo de personas mayores fieles a los ritos de su creencia y prácticamente el único público de las misas, incluidas las de los domingos. E igualmente, “sorprende” la afluencia de personas a conveniencia de los cultos a lo largo de toda la Cuaresma. Cualquier día del año hay bancos libres para auténticos regimientos; en cualquier jornada, en estos momentos de nutridas agendas cuaresmales, no cabe un alfiler en las iglesias con hermandad, con nube de impúberes tocando los zancos de los pasos con dedos temblorosos y admiración, ofreciéndose para limpiar plata o lo que sea, deseando vestirse de acólitos de pelo replanchao para que sus amigos canis o menos canis los vean desde el mejor sitio de la puerta del templo, vestidos con chaqueta de domingo un par de tallas más chicas para dejarse ver, displicentemente, antes de entrar al besapiés o besamanos.

Ahora unan a la fauna de la joven superficialidad capillil la gran cantidad de señores y señoras que sólo aparecen por la iglesia, ataviados con sus mejores galas y pieles de animales muertos oliendo a alcanfor del año pasado, para estar presentes y dejarse ver, siguiendo la misma pauta y la misma directriz que los hace acudir, incluso empeñados y hartos de cuchareo de sopicaldos de pastilla y agua, a su caseta de Feria. Formas sociales de grupos gregarios hacen conjuntos impagables alrededor de las iglesias, con hermandades. Sin ellas, la harina es de otro costal, con excepciones como San Marcos, con el imparable y empeñado padre Isaac a la cabeza y al motor. Pero esa es otra historia.

Volvamos a la grey interesada y ocasional. Y presuntamente católica. Y a la propia Iglesia ¿A quién o a qué se le escapa o de qué huye la población dudosamente creyente, de Sevilla? Tal vez la Iglesia no sabe atraer y sólo puede mantener en su seno al escueto tanto por ciento de personas mayores que son una de sus principales bases hoy en día. Un modelo que se agota por pura lógica y ley de vida. ¿Qué falta o qué sobra en la Iglesia? Afortunadamente, hay excepciones entre los jóvenes. alejados de sus contemporáneos “ni-ni”, porque es absolutamente cierto y palmario que la mayoría de hermandades puede enorgullecerse de sus grupos jóvenes, modélicos en sus funciones y ciertamente herederos de sus fines. Y es de justicia consignarlo, al igual que existen en todas las hermandades personas de ley, maduras, ancianas, que no olvidan el sentido de su inclusión en entidades que son parte, y muy importante, de la Iglesia, y por ella trabajan.

Es el de ahora un momento clave en la vida de la Archidiócesis de Sevilla. La llegada del nuevo arzobispo, monseñor Asenjo, que despertó tantas y variadas reacciones, algunas explicitadas y otras guardadas en la pura hipocresía, que creó recelos en el aparentemente intocable mundo cofradiero, supone un cambio trascendental de formas y maneras en la relación de un prelado con uno de sus más certeros instrumentos de evangelización, apostolado, caridad y colaboración que representan las hermandades, toda vez que son parte del aparato de la Iglesia.

Monseñor Asenjo no es el cardenal Amigo, de eso sí que no hay duda. Fray Carlos era la diplomacia, la mano izquierda, la mano derecha, el baculazo en el preciso instante, el halago o la crítica en su momento. Don Juan José, como ya le llaman por doquier en un intento de confianza con el poder, todavía, con perdón, es melón a medio calar. Ya ha dejado muestras de su interés por las hermandades, pero los capillitas acendrados no olvidan el episodio de la estampa y otros siguen recelando de sus “rígidas” opiniones. Recuerden, por ejemplo, sus palabras, en carta pastoral, sobre la inconveniencia de algunas actuaciones de  los curas jóvenes: “Quiero recordaros que no todo lo que pueden hacer lícitamente nuestros hermanos seglares, lo podemos hacer los sacerdotes, de la misma forma que los jóvenes sacerdotes no pueden frecuentar, ni siquiera con una intención buena y apostólica, los lugares que ordinariamente, especialmente los fines de semana, frecuenta la juventud; y no sólo por evitar el escándalo de los fieles, que en ocasiones lo manifiestan abiertamente, sino también porque los frutos apostólicos son escasos o nulos y el único fruto apreciable es la desvitalización de nuestra existencia sacerdotal”.

Ya sabemos de su inteligencia y su vasta cultura, no sólo teológica. Pero queda ver cómo intentará reconducir el interés por la Iglesia y su camino en dirección a jóvenes y a viejos tibios con la religión, y ahí, él lo sabe, son imprescindibles las hermandades. Tal vez, lo único que se necesita es pensar y actuar cada cual con su ideal obligado de coherencia.

One Comment

  1. Javier
    Viernes 26, 2010

    Los mismos perros cond distintos collares, lo que ocurre es que don Carlos era un pastor alemán, grande y noble y este es un rodweiller… y muerde… ya verán

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